Vregor Deradon, entrada VI

General Summary

La mujer se aproxima, seguida de un par de hombres. Empuñan sus armas y sus miradas no son amistosas, pero se acercan con calma, sin intención aparente de atacarnos. La mujer se presenta como Mura y, sin rodeos nos interroga sobre nuestras intenciones. Respondo presentándome a mí y a Jelma, y expresando mi interés por Toran por sus conocimientos como erudito, haciendo hincapié en el largo camino recorrido desde Crestaroja siguiéndoles la pista y dejando caer el nombre de Tessa.   La expresión dura de Mura no cambia, pero ella y sus hombres guardan las armas y nos condicen hacia el campamento. Allí tras meses de viaje, en una de las tiendas de mayor tamaño, conozco Toran. El hombre nos recibe con una sonrisa amistosa, pero su mirada y postura le revelan como un hombre orgulloso, navegando con maestría entre pergaminos, libros y distintos utensilios y materiales de escritura, en el aire reina el olor a tinta.     Toran nos invita a sentarnos y, tras unas introducciones de cortesía, le interrogo sobre la información que busco, sin entrar en detalles sobre porque me es necesaria ni mi juramento con el Caballero Negro.     El hombre medita durante unos segundos, tras lo cual nos indica que, entre sus muchos conocimientos, podría encontrarse la información que buscamos. Pero, por su puesto, necesita algo de nosotros a cambio. Parte de su equipo, incluyendo a su ayudante personal, fue secuestrado por un clan local pocos días después de montar el campamento y junto a ellos, dichos atacantes se llevaron también importantes documentos relacionados con su investigación actual. Si somos capaces de traer de vuelta a su ayudante y dichos documentos, nos dará toda la ayuda posible.     Jelma y yo nos miramos y ella se encoge de hombros, hemos tardado meses en llegar hasta aquí, y a pesar de ello, otro obstáculo se nos presenta. No estamos en posición de negarnos. Aceptamos y realizamos un juramento, a pesar de lo cual Toran nos hace firmar un contrato por escrito. El erudito a continuación llama a Mura y nos ordena colaborar en lo que podamos con nosotros, siempre que no comprometa la seguridad del campamento. Ella asiente y nos hace un gesto para que la sigamos al exterior.     Mientras Jelma se dedica a preguntar a la gente del campamento, acompañada de Mura. Decido investigar la zona que rodea el campamento así como la dirección general por la que los atacantes se retiraron con los secuestrados. A pesar de que cualquier huella evidente que pudiesen haber dejado ha desaparecido bajo la nieve, el grupo no se molestó en ocultar su rastro. No debería sernos complicado seguirlos.     Partimos con la primera luz del día siguiente, tras el rastro. Durante dos días atravesamos un paisaje monótono de nieve, hielo y roca, pero, al tercer día, el rastro cambia de rumbo de manera abrupta. Extrañados, decidimos dedicar unos minutos a investigar los alrededores, antes de avanzar. Si los habitantes del lugar tratan de evitar algo en este área, nos sería de utilidad saber que es.     No tardamos den descubrir una esplanada sobre la cual vemos multitud de estructuras de hielo y nieve en forma de cúpula. Entre las estructuras se mueven unas criaturas de tamaño humanoide, pero de cuerpos segmentados cubiertos de caparazones que varían entre el blanco y el azul claro. Al verlos recuerdo ciertas historias, contadas por mi padre en las noches de invierno, en las que en ocasiones aparecían ciertas criaturas cuya descripción parece encajar. Estos seres siempre se mostraban como criaturas inteligentes u benévolas que ayudaban al héroe en momentos de dificultad, si mi memoria no me falla, en los cuentos se referían a estas como los Thon-Akap.     Comento mis conocimientos sobre las criaturas a Jelma. Si tomamos el riesgo de hacer caso a las historias y estas guardan algo de verdad, podría otorgarnos una gran ventaja en nuestra persecución. Tras unos minutos de meditarlo, Jelma accede y ambos decidimos acercarnos, lo que suponemos es su aldea, dejándonos ver claramente. Los Thon-Akap, no tardan mucho en avistarnos y varios de ellos se aproximan con rapidez. No parecen portar armas, pero las quitinosas garras de sus extremidades y sus prominentes mandíbulas insectoides, parecen dejar claro que no les harían falta en una refriega.     Un total de cuatro criaturas nos rodean. Nos observan y chascan sus mandíbulas junto a la vez que hacen vibrar sus extremidades y abdómenes. Sin tener muy claro si son capaces de entenderme, expreso mi petición de ayuda, indicando que unos humanos hostiles han secuestrado a nuestros compañeros y andamos tras su rastro para rescatarlos.     Tras una serie de nuevos chasquidos y zumbidos, tres de las criaturas se dispersan, regresando a la zona de las estructuras. La cuarta se queda con nosotros, observándonos. Queriendo entender que accede ayudarnos, comienzo mi regreso hacia el rastro con el Thon-Akap siguiéndome y Jelma vigilando a este de cerca. Una vez llegamos al rastro la criatura chasca sus mandíbulas y emite un par de zumbidos y, tras mirarnos, comienza a avanzar con rapidez. La criatura sigue la misma dirección durante varias horas, pero, antes del anochecer, cambia su rumbo alejándose de la dirección tomada por los secuestradores. Confundido, miro a Jelma, que se limite a responderme encogiéndose de hombros. Suspirando, decido seguir al Thon-Akap, esperando no estar cometiendo un error.     La criatura nos lleva a orillas de un lago parcialmente helas y comienza a travesarlo, siguiendo un camino sobre el hielo flotante que una persona normal sería incapaz de encontrar. En poco tiempo cruzamos el lago sin percance y, al caer la noche, alcanzamos de nuevo el rastro, continuando con la persecución al día siguiente.     Al acercarse el medio día, nos topamos con algo inesperado, el rastro se convierte en los restos de algún tipo de batalla. Encontramos armas y restos de ropaje y armaduras de cuero manchadas con sangre repartidas por toda la zona. Dedico unos minutos a revisar bien el lugar, parece que algo grande... muy grande, atacó al grupo y, por lo que soy capaz de leer en el terreno, el grupo de guerreros se vio obligado a huir, perdiendo a varios aliados en el proceso, situación que nos favorece. Por desgracia me es imposible determinar si aquellos a los que debemos rescatar han sido victimas del ataque, así que solo nos queda rezar por que estén enteros y continuar.     Al día siguiente, nuestro camino nos conduce a atravesar un planicie nevada, nada rompe su blanca superficie, a excepción de la pared montañosa a nuestra diestra y una diminuta lineal de arboles frente a nosotros, al otro lado del imperturbable paisaje. Pasamos todo el día caminando a través de la densa nieve, guiados por el Thon-Akap, alcanzando la línea de arboles al caer la noche. Acampamos cerca del linde de la arboleda que se alza como una isla en el mar blanco que nos rodea. Estamos sentados junto al fuego, a excepción del Thon-Akap, al cual parece no agradarle, cuando, como un ráfaga de viento, un grupo de enormes lobos albinos se nos echa encima desde la oscuridad de la arboleda.     El Thon-Akap se yergue mientras emite un penetrante zumbido y se lanza contra las bestias, mientras yo desenfundo mi daga y empuño mi hacha. Jelma se encuentra derribada con una de las fieras encima, tratando de sacudírsela de encima a la par que evita sus dentelladas.     Me lanzo sobre la bestia que tiene a Jelma atrapada, mientras esquivo la dentellada de un segundo. Mis armas golpean con fuerza la columna de la bestia, haciendo que se desplome inerte tras un gemido de dolor. Jelma rueda sobre si misma hasta alcanzar su lanza y se pone en pie, enfrentado al grupo de bestias que ya tenemos encima.     Tres lobos se abalanzan sobre nosotros, buscando nuestros flancos y espaldas, pero Jelma es más rápida, empalando a uno de ellos justo antes de que pueda abalanzarse y, con un golpe seco con el mago, derribando en el aire a una segunda que se lanzaba sobre mi flanco. La tercera es recibida por mi hacha entre sus ojos, muriendo antes de tocar el suelo tras su salto. Un poco más lejos, puedo ver el cuerpo de un lobo, decapitado, salir volando con vinolencia, fruto del ataque del Thon-Akap. Remato de una cuchillada en el oído a la bestia derribada con Jelma, mientras esta, con un movimiento experto, arroja su lanza atravesando de lado a lado a uno de los animales a punto de acertar una dentellada contra una de las patas del Thon-Akap.     Corroa a recuperar mi hacha, pero, para cuando me incorporo, el resto de bestias se retira en mitad de una cacofonía de gemidos y gruñidos. Jelma saca de un tirón su lanza del cuerpo del lobo mientras, el ser insectoide emite un suave zumbido mientras la observa.     Sin previo aviso comenzamos a notar un temblor a la vez que un persistente y grave ruido se hace cada vez más fuerte. La criatura emite un desagradable sonido, mirando a la oscuridad y hecha a correr como una flecha hacia la arboleda. Trato unos instantes en comprender que esta pasando, tras los cuales, en pánico grito a Jelma que corra antes de que el alud, apenas visible como una gigantesca sombra en la noche estrellada, nos atrape.     Logramos alcanzar la arboleda y nos aferramos al tronco de estos rezando por que sean capaces de aguantar. Pronto, llega el impacto, el frio y el ensordecedor ruido del gemir y crujir de los troncos. Todo ocurre en unos pocos segundos, tras los cuales a voz de grito, en la oscuridad, pregunto a mis compañeros si se encuentran bien. Jelma me responde con un fuerte tono mezcla de enfado y confusión, mientras un indescifrable zumbido me indica que nuestro guía esta con vida.     Pasamos el resto de la noche tratando de recuperar las cosas dejadas atrás en el campamento, pero tenemos poca suerte. Esperando que nuestro objetivo no se encuentre lejos, partimos al alba, sin querer pensar demasiado en el camino de vuelta.     La situación no mejora en los días siguientes pues, al atravesar la arboleda, nos sorprende una terrible ventisca. El viento y el granizo nos azota con fuerza, obligándonos a avanzar bajo en intenso azote del gélido viento y el granizo. Durante un día y una noche avanzamos penosamente, sin ver por donde caminamos, guiados por el diligente Thon-Akap y con miedo a que, si paramos a descansar, despertemos enterrados vivos.     Tras una noche de sufrimiento, la ventisca comienza a perder fuerza. El viento aún nos zarandea con fuerza y no podemos ver más que unos metros por delante nuestro, pero el avance se hace más sencillo a pesar del agotamiento. Continuamos avanzando, luchando contra el fuerte viento y la nieve que con rapidez se acumula al nuestro alrededor, cuando, ahogados por el viento oigo varios aullidos a nuestra espalda, seguidos de una única respuesta que me hiela la sangre. Sea cual sea la bestia que emita esa clase de aullido, no es un lobo normal. Aprieto el paso para alcanzar a Jelma y el Thon-Akap y les comunico mis sospechas de las bestias persiguiéndonos. Según están las cosas, solo veo dos opciones, tratar de ocultarnos con la nieve y la ventisca intentar dejarlas atrás y, dada nuestra situación, no nos veo capaces de superar a las bestias en una competición de resistencia.     Usando nuestras capas como cobertura, Jelma y yo nos juntamos y medio enterramos en la nieve, con las armas lista por si somos descubiertos. El Thon-Akap recorre brevemente la zona a nuestro alrededor para, con un ágil movimiento, desaparecer bajo la nieve instantes después. Nos mantenemos ocultos de esta manera durante un tiempo que paren horas, con el frío calando cada vez más en nuestros cuerpos hasta el punto que no temblar requiere de toda mi fuerza de voluntad. Por suerte, logramos nuestro objetivo, y vemos pasar a la manada de lobos blancos , guiados por un monstruoso lobo, algo más grande que un oso. La jauría se detiene unos segundos en el área y después continua hacia el norte, alejándose de nosotros y nuestra ruta.     Jelma y yo nos mantenemos ocultos, temblando bajo la nieve, hasta que vemos salir al Thon-Akap. Nos sacudimos la nieve entre escalofríos y frotamos con violencia nuestros entumecidas extremidades. Esperando encontrar un lugar en el que poder tomar un descanso, continuamos nuestro camino, siguiendo de cerca a nuestro inusual guía. La ventisca termina por dispersarse tras unas horas y la nevada explanada da paso a una dispersa foresta. Agotados, buscamos refugio entre los arboles y tras lograr encender un fuego, pasamos el resto de día descansando e intentando entrar en calor.     A la mañana siguiente alcanzamos nuestro objetivo. Vemos las chozas y cabañas dispersas por un claro a unas pocas horas del linde del bosque, así como varias plataformas repartidas entre los árboles cercanos, en las que podemos avistar a hombres y mujeres armados con arcos. En el centro del claro, vemos claramente una enorme jaula de madera, con varias personas dentro. Podemos ver varias decoraciones, y efigies rodeando el lugar en el que se encuentran los cautivos, no es difícil imaginarse que las gentes del clan se preparan para algún tipo de celebración o ritual.     Nos alejamos del lugar para poder hablar sin miedo a ser descubiertos, y decidir que hacer. Agradezco su ayuda al Thon-Akap, indicando que ha cumplido con la ayuda prometida y no tiene porque ayudarnos a partir de este punto, pero, tras responderme con un breve zumbido y unos chasquidos de su mandíbula, no parece que tenga intención de marcharse. Asiento con una sonrisa, agradeciendo de nuevo mi ayuda y, junto a Jelma, comenzamos a pensar que estrategia seguir.
Report Date
18 Oct 2020

Comments

Please Login in order to comment!