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Rhurr Jahlaree

Rhurr Jahlaree (a.k.a. La Semielfa)

Physical Description

Condición física general

Rhurr tiene una complexión delgada, y una tendencia a encorvarse que le hace parecer algo más pequeño de lo que es realmente. Oculta sus formas con ropas holgadas y la capa de su madre.   Aunque su estructura física es muy parecida a la humana, ha heredado casi todos sus rasgos de la familia de su madre. Los ojos plateados son muy característicos de los Jahlaree, y el mechón blanco de su pelo negro es idéntico al de su abuelo materno. Tiene además la piel clara de su madre, aunque es más resistente de lo que era ella al efecto del sol. Se deja un trozo de pelo más largo, a un lado de la nuca y recogido en una fina trenza decorada con piezas de plata.

Rasgos distintivos

Tiende a rehuir la mirada. Su mano dominante es la izquierda. Tiene varias cicatrices, pero la más reconocible es el corte horizontal en su nuca.

Habilidades especiales

Su conexión con la muerte le aporta diversos beneficios. Destaca su capacidad de canalizar energía necrótica en forma de descargas mágicas que pueden herir y matar a distancia.

Vestimenta y accesorios

Lleva ropas simples y cómodas, lo bastante holgadas como para ocultar armas en ellas. Las únicas piezas de su equipamiento que son especialmente caras son sus botas y una mochila resistente con gran cantidad de correas para mayor seguridad. En el bolsillo más interno, pegado a su espalda y al que no se puede acceder salvo que se quite la mochila, guarda su Diario. Su capa azul pertenecía a su madre, y tiene el emblema de los Jahlaree en el pequeño botón plateado que la cierra. Aunque fuera de Chult no es fácilmente reconocible, apenas se la pone por motivos de seguridad y para evitar estropearla, y suele llevar su otra capa sin ningún símbolo. El último accesorio que destaca de su equipamiento habitual es un amuleto que lleva colgado al cuello. Consiste en un pequeño saquito de cuero que contiene un pedazo de carbón de su hogar y una perla, lo último que le queda de las joyas de su madre.   Raramente lleva guantes, y si lo hace, salvo que sea necesario, no se cubre los dedos.

Equipamiento especializado

Siempre se le dio bien el sigilo y escabullirse del peligro, por lo que Ledo Shieldbearer le hizo entrenar como pícaro. Es un ladrón, espía y asesino de mente fría, analítico y eficiente.

Mental characteristics

Historia personal

  • 41 DMQ - Tob y Nakui Jahlaree se conocen en Daggerford. Tob es un aprendiz de herrero, y Nakui la hija menor de una rica familia comerciante de elfos de Chult. Tob le ayuda con una orfebrería de emergencia
  • 41-47 DMQ - Tob continúa su aprendizaje, y Nakui viaja a veces a la ciudad con su familia, visitas que aprovechan para verse.
  • 47 DMQ - La familia de Nakui le prohíbe volver a Daggerford.
  • 47-49 DMQ - Tob y Nakui se cartean mientras el humano ahorra para ir a verla.
  • 49 DMQ - Tob termina su aprendizaje y se embarca hacia Chult. La pareja intenta salir adelante en la isla bajo el acoso, las amenazas y la desaprobación de la familia de ella.
  • 50 DMQ - La pareja se embarca de vuelta al Feudo de Quarion y se asienta en el pueblo de Riverfall.
  • 51 DMQ - Nakui enferma de gravedad durante su embarazo. Advierten a los Jahlaree, que se niegan a ayudar.
  • 52 DMQ - Nace Rhurr. La enfermedad de Nakui parece remitir, pero no desaparece.
  • 54 DMQ - La enfermedad de Nakui empeora gradualmente y finalmente la elfa muere. (2)
  • 59 DMQ - Rhurr empieza a acudir a la escuela del templo. (7)
  • 64 DMQ - Rhurr se mete en una banda juvenil en la que aprende a robar y a forzar cerraduras. (12)
  • 65 DMQ - Rhurr sufre una herida casi mortal en una pelea de bandas y conoce a Aqueron. Comienza a tener recuerdos y a descubrir sus poderes. Abandona la banda y se dedica a trabajar en la forja de su padre. (13)
  • 67 DMQ - Rhurr, tras dos años de experimentar con sus poderes, decide que tiene que salir de Riverfall si quiere conocerse a sí misma y a sus capacidades. Se alista como soldado en el ejército del Feudo y empieza a trabajar en el castillo de Daggerford. (15)
  • 68 DMQ - Ledo Shieldbearer se fija en Rhurr y en sus habilidades como pícaro y le hace entrenar como asesino y ladrón a su servicio. (16)
  • 68-71 DMQ - Rhurr trabaja directamente bajo las órdenes de Ledo Shieldbearer. (16-19)
  • 71 DMQ - Ledo pone a Rhurr al servicio de Jozan y del Imperio Negro. Comienza a realizar más misiones cada vez más lejos, con más independencia y con objetivos más cruciales. Recuerda un diario y empieza a pensar en escribir. (19)
  • 72 DMQ - Rhurr empieza a escribir su Diario mientras está lejos, en una misión. (20)
  • 75 DMQ - Rhurr traiciona al Imperio Negro y entra al servicio de Kendall como miembro del Grupo de Operaciones Especiales. (23)

Formación

El padre de Rhurr le costeó una educación básica a base de muchos sacrificios personales. Sabe leer y escribir, conoce los números y las cuentas matemáticas, algo de geografía, bastante historia y tiene especial interés en la política.

Ocupación

Ayudó desde muy pequeña en la forja de su padre, pero fue a los quince años cuando se alistó al ejército. Al pertenecer al Feudo de Quarion, entró al servicio de la familia feudal Shieldbearer, donde Ledo se encargó de entrenarle como asesino y sirvió como sicario personal durante varios años, hasta que su señor le puso al servicio de Jozan. Trabajó para él hasta el 75 DMQ, cuando traicionó a ambos por el Imperio Blanco.

Traumas

Sí.

Características intelectuales

Rhurr, en sí, es una persona muy prudente, rozando la cobardía y la paranoia, y extremadamente metódica. Necesita tener un plan y seguirlo al pie de la letra. Ledo le enseñó a mantener sus secretos para sí, a hacer todo lo necesario para lograr sus objetivos y a utilizar a la gente lo mejor posible.   Sin embargo, Rhurr también es un compendio de decenas de personalidades, y ocasionalmente algunas de ellas interfieren con la principal, dando lugar a conductas erráticas o a cambios bruscos de humor.

Moral y filosofía

Rhurr es una persona centrada en sí misma, y podríamos considerarla egoísta, pero es de la opinión de que el fin justifica los medios y de que no tiene por qué dar explicaciones a nadie. Cree firmemente que su misión, al final, será beneficiosa para todo el mundo, y que por eso es más importante que cualquier otra cosa, incluso si a corto plazo debe hacer daño a otras personas para asegurar su éxito. No es, sin embargo, una mala persona, y suele tratar de ayudar a las personas si hacerlo no interfiere con sus planes. Además, nunca está de más que la gente te deba favores.   No es seguidora de ninguno de los Reyes: sencillamente, cree que ella y su misión están por encima de cosas tan terrenales como quién se sienta en qué trono.

Social

Lazos familiares

ÁrbolRhurr.png
    Rama élfica:

Korei, la abuela. Se llevaba regular con Nakui porque era demasiado rebelde. Fue la que más se empeñó en desheredarla y la que más se opuso a cualquier contacto con ella. Rhurr tiene sus ojos.
Darille, el abuelo. Nakui era su ojito derecho y le dolió muchísimo su traición, pero lamenta profundamente su muerte. Rhurr tiene su pelo. Sus ojos son dorados.
  • Nakui, la madre. La mayor de sus hermanos, iba a ser heredera de toda la fortuna familiar antes de escaparse con un humano. Tiene los mismos ojos que su madre y que Rhurr.
  • Gryffen, tío por parte de madre. Le asquea profundamente la traición de su hermana y ha ocupado su lugar como heredero de la familia. Irónicamente, Rhurr es su viva imagen, aunque Gryffen se deja el pelo largo. Casado con Niita.
  • Saga, tía por parte de madre. La menor de los tres hermanos. Tenía una buena relación con Nakui y se opuso a desheredarla, pero su opinión fue ignorada. Tiene el pelo negro azabache y los ojos dorado brillante de su padre, en contraste a los ojos plateados de casi toda la familia.
    Rama humana:
 Lune, la abuela por parte de padre. Granjera.
Gareth, el abuelo por parte de padre. Comerciante caído en desgracia y asentado como granjero que usó la poca riqueza que le quedaba para costearle un aprendizaje como herrero a su hijo mayor. Fallecido en el 63 de una enfermedad.
  • Su hija Meria, que nació muerta.
  • Su hijo Tob, el padre de Rhurr. Viudo de Nakui. Maestro herrero asentado en el pueblo de Riverfall, cerca del resto de su familia.
  • » Su hija/o/e Rhurr, soldado.
  • Su hijo Jon, que sólo vivió un año.
  • Su hija Lia, granjera. Casada con Xander.
  • » Su hijo Verti, granjero, casado con Evin.
  • » » Su hijo Will, de cinco años.
  • » Su hija Nalia, sacerdotisa.
  • Sus hijos gemelos Tori y Kai, de dieciocho años.
  • Su hijo Robin, granjero. Viudo de Vinia.
  • » Su hija Kia, que murió en el parto junto a su madre.
  • Su hijo Jon, soldado, fallecido.
  • Su hijo Ander. En relación estable con Thomas.
  • Su hija Jana, granjera. Viuda de Goren, casada con Pete.
  • » Su hijo de su primer matrimonio, Willam. Casado con Cara.
  • » » Su hijo recién nacido, Luc.
  • » Su hija de su segundo matrimonio, Lune, de quince años.
  • » Su hija de su segundo matrimonio, Mina, de once años.
Alineamiento
Legal Neutral
Edad
23
Children
Sexo
Fluido
Sexualidad
Asexual birromántica.
Identidad de género
Género fluido.
Ojos
Plateado
Pelo
Negro, con un mechón blanco
Tono de piel
Pálido

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Diario de Rhurr IV: La Cumbre de Baldur (9-10)

17 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion, Calimport. Seis días para la Cumbre de Baldur.   Discutimos con Krahe sobre la mochila porque, a pesar de que hemos superado sus pruebas, no quiere devolvérnosla. Yo me aferro con fuerza a mi diario y me alegro profundamente de no habérselo entregado cuando me lo sugirió. Finalmente, se aparta para hablar con el clérigo en privado mientras el resto del grupo discute el plan. Cuando regresan, el elfo lleva consigo la mochila de portales, y eso me escama, pero nadie dice nada.   De regreso en la superficie, el guerrero dracónido y yo regresamos a la tienda en la que estaba esclavizado ese pobre tiflin para liberarlo y robar cuanto necesitamos para colarnos en la fiesta. Telas, tintes, accesorios y demás, para parecer nobles de verdad. Engaño al dueño para que me siga a un callejón, donde le rajo el cuello. No me da la menor lástima. Me revuelve las tripas ver el estado en el que tenía al pobre Edward, encerrado en la tienda trabajando de sol a sol como un esclavo. Incapaz de dejarlo ahí, nos llevamos al joven tiflin al barco.   No mucho después, la barda y el clérigo regresan, seguidos al poco tiempo de dos guardias de la ciudad buscándolos. Hay una pelea, pero evito tomar parte de ella, y en su lugar los observo desde un lugar seguro. El clérigo intenta usar su mochila de portales, pero surge de ella una columna de fuego que daña seriamente el barco. Los dos humanos son rápidamente asesinados por mis compañeros de equipo, y la nave parte de nuevo hacia Baldur's Gate.   Al parecer, mientras los demás estábamos preparándonos para marchar, la barda y el clérigo, quienes empiezo a intuir son una pareja peligrosa, han llegado también a la tienda del esclavista y han decidido robar. Pero en lugar de hacerlo con sutileza como todos los demás, usaron la mochila y la música mágica de la semielfa para encantar y atacar a la multitud. Eso llamó la atención de la guardia, quienes trataron de detenerlos. El dracónido, de regreso en la escena, le abrió la cabeza a un saqueador y desató el caos. Después de eso volvieron corriendo al barco, seguidos por los guardias... y el resto es historia.     19 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion, costa de Chult. Cuatro días para la Cumbre de Baldur.   El recuerdo fluye hacia mí con naturalidad cuando, apoyada en la baranda del barco, veo asomarse a lo lejos la silueta del Archipiélago de Chult. Parpadeo y el barco bajo mis pies es otro, el cielo tiene una luz distinta y siento un cuerpo muy diferente. El mar... el mar es el mismo, azul, eterno. Me inunda una ráfaga de desdén y desprecio: nunca me han caído bien esos elfos pretenciosos. Y ahora tengo que ir a Chult a tratar con Alatar, escuchar sus payasadas y tratar de arreglarlo todo pacíficamente. A lo mejor es hora de que alguien le plante cara y las cosas cambien.   Respiro y me noto encoger. Vuelvo a ser Rhurr, el semielfo, en una nave que ha sufrido demasiados incendios y nos lleva a Baldur, no a Fort Beluarian. Miro las islas con un nuevo anhelo, como con la esperanza de recuperar el recuerdo, de volver a esa vida lejana, como un sueño que no quieres que termine y que esperas retomar cuando cierras los ojos de nuevo tras despertarte. Recorro la silueta del archipiélago, memorizándolo, tratando de encontrar de nuevo el estímulo que ha desencadenado la visión. Revivo por momentos el enfado de mi predecesor, y por un instante se me cierran los puños al imaginarme en presencia de Alatar, pero la imagen no regresa. Se ha ido, como la marea.     22 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion, Baldur's Gate. Día de la fiesta. Un día para la Cumbre de Baldur.   El clérigo ha pasado los últimos días de viaje totalmente insoportable.   Una vez en la antigua capital, nos ponemos los disfraces que Edward ha preparado para nosotros. No es difícil pasar las Aduanas, pero sí impedir que el equipo intente volver a esclavizar al tiflin cada vez que lo pierdo de vista. Se hace agotador tratar de protegerlo, pero no puedo soportar la idea de dejarlo en manos de gente como el mago o el clérigo, con quienes podría estar peor que con su antiguo dueño, a quien yo misma maté. No podría aguantar haberlo sacado de aquel sitio para condenarlo a algo peor. Debo encontrarle un hogar seguro.   Aún tenemos algo de tiempo para averiguar cómo colarnos en la fiesta. Mañana será la parte más seria, la verdadera cumbre, cuando se den los discursos, pero es hoy, en la fiesta, cuando es más probable que los nobles de los dos Imperios se vayan de la lengua. Me ajusto todas las correas mecánicamente debajo del disfraz. No es la primera vez que hago algo como esto, pero el peligro nunca es menor por mucha experiencia que tengas contra él. Como es habitual, lo primero que hago es estudiar la ciudad, fijarme en cada detalle. Es crucial escuchar a la población local, que suele tener la lengua suelta y la mano más.   Me separo del grupo, pero no me importa. Viajo al pasado, yo sola con mi mochila y mi capa, recorriendo una vez más las calles de una ciudad desconocida en busca de sus secretos. Es como si volviera a espiar para Ledo Shieldbearer. Me encojo un poco al caer en ello, pero respiro profundamente y sigo adelante. El viejo que me aterra también me enseñó a poner la misión por delante de todo. Me sorprendo, sin embargo, disfrutando del paseo, del aire fresco y de la inocencia que me rodea. Toda esta gente vivirá todas sus vidas sin temer conspiraciones y puñales en la espalda, y sin embargo la guerra se cebará con ellos. En una plaza me encuentro con un periódico, y lo recojo con interés, pero no estoy preparado para lo que leo en él.   Los miembros de la delegación de los Moonward de Velen han aparecido asesinados. Murieron antes de la Asamblea de Delzimmer, de modo que quienes encontré en ella eran impostores del Imperio Negro. Se me forma un nudo en la garganta y me escondo rápidamente en una callejuela. Lágrimas amenazan con brotar y las reprimo con mucha rabia mientras lucho por controlar mi respiración. Están muertos. Kendall sabía que estaban en peligro, me dijo a la cara que los protegería, y están muertos. Y lo que es peor, mucho peor: Ledo sabía que no iba a hacerlo. Ledo sabía que iba a fallar, y envió a alguien tras de mí a completar la misión. Sabía desde el principio que le traicionaría y que le volvería la espalda al Imperio Negro. Tenía que saberlo, o no habría tenido tiempo de hacer que alguien me sustituyera. Todo este tiempo he contado con la ambigüedad de mi situación, con que probablemente pensaría que había muerto o había fracasado y estaba intentando regresar a él, con que si la cosa se torcía podría volver a suplicar que me permitiera volver a su servicio.   Pero no es así. No hay ambigüedad posible. El viejo sabe que no voy a volver. ¿Qué más puede saber? ¿En qué más me he creído a salvo ingenuamente? ¡Idiota, idiota, idiota! Nunca debes pensar que estás a salvo de Ledo Shieldbearer. No importa en qué rincón oscuro te escondas, o lo bien que creas haber ocultado tus secretos, él lo sabe todo. Está en todas partes. ¡Yo debería saberlo!   Me encojo sobre mí misma en el suelo de la esquina del callejón. Respiro con dificultad, como si mi cuerpo hubiera olvidado que no necesita el oxígeno para sobrevivir. Siento que me mareo y tengo que sostenerme la cabeza durante varios minutos para que el mundo deje de dar vueltas. Durante una eternidad me invade el más puro y absoluto terror.   Pasado un rato, quizá varias horas o quizá unos minutos, siento que mi cuerpo por fin logra relajarse. Agarrotado, me levanto con dificultad y me seco la cara. Fuerzo mi respiración a un ritmo normal. Me reprendo con frialdad. Estoy perdiendo el tiempo. Quizá Ledo no lo supiera desde el principio. Quizá se diera cuenta de que algo iba mal cuando no regresé enseguida con un informe favorable. Quizá siempre mande un segundo equipo por si el primero fracasa. Nunca me explicó tan en profundidad sus planes. No debo caer en el error de pensar que le conozco de verdad. Pero tampoco en el de creer que estoy a salvo en algún lugar si a estas alturas no he vuelto a su lado.   Sé dónde encontrar los bajos fondos de casi cualquier lugar. Me deslizo de sombra en sombra con el sigilo de un gato y pronto me encuentro recorriendo los callejones oscuros y escuchando los susurros siniestros de la parte más secreta de cualquier ciudad. Me aseguro el cierre de la capucha y el mango de un puñal.   Ha acudido Gard Shieldbearer a la ciudad, acompañado de sus condenados mutistas, para estar presente en las celebraciones. Hace bastante que no hay acción real en el frente, aunque los periódicos afirmen que la guerra es cruenta. También descubro que las invitaciones a la fiesta en Palacio se enviaron a nombre de las familias feudales de los dos Imperios, e incluso consigo un dibujo del aspecto que tienen, pero lo que es más interesante es que casi nunca las piden, porque todos se conocen. Contemplo la posibilidad de suplantar a alguno de los invitados, pero me decepcionaría que el Concilio Dorado no hubiese puesto en marcha sistemas de seguridad mágicos para impedir algo así. No, no podemos hacernos pasar por alguien a quien vayan a echar de menos, decido mientras observo a lo lejos las torres de colores del Palacio. Entonces... ¿una escolta?   De regreso en el barco descubro que el resto del grupo, salvo el mago soberbio, han tomado diversos caminos separados. Bien, pienso por una parte, porque no era lógico que tratásemos de entrar todos juntos, pero por otro lado estoy seguro de que encontrarán la forma de volar todas nuestras tapaderas. El mago y yo encontramos la nuestra entre la escolta de los Netherheir: todos encapuchados y silenciosos, ideales para una infiltración. No es difícil disfrazarnos y unirnos a la cola. Es la hora.   Pasamos la primera prueba y nos separamos de los Netherheir. Nos deshacemos de las capas negras y nos internamos en la fiesta con nuestras mejores galas robadas y confeccionadas con mano de obra esclava tiflin. Respiro profundamente y me meto en mi papel: mi nombre es Lily Ormp, de los Ormp, que es una rama menor de la familia Orm. Los Orm nunca vienen a esta fiesta, no hay nadie que pueda reconocernos, y por lo general todos confiarán en que nos han dejado entrar. No es una tapadera muy resistente, pero sólo tiene que durar una noche y un día. Pongo una sonrisa en mi cara y me adentro al océano tormentoso que es la socialización entre nobles.   Eleanor Shieldbearer está aquí, y podría reconocer mi voz, así que me mantengo lejos de ella mientras se burla del resto de los invitados y pone de los nervios a Gard, quien prefiere mostrarse agresivo y amenazador. Reconozco los blasones de casi todas las familias feudales principales de los dos Imperios, y algunos símbolos élficos. Oigo menciones a una guerra comercial entre Calim y los Altos Elfos de Chult. La sala del trono reluce, decorada para la ocasión, y luz exterior se cuela por el gigantesco agujero del techo. Una parte de mí sabe que he estado aquí antes, y se me llena el pecho de ansiedad, pero no logro convocar un recuerdo tangible. Me acerco más, como tratando de alcanzarlo, y entonces un destello dorado bajo toda aquella luz capta mi atención. Entonces siento un violento golpe en el pecho, una puñalada que me arranca el aliento, y ya no estoy en la fiesta de Baldur's Gate.   Me rodea un campo de batalla. El suelo antes brillante y decorado está ahora pegado a mi cara cubierto de sangre y suciedad. Me llevo la mano al pecho y lo noto húmedo bajo mi uniforme de soldado. Es mi sangre la que lo mancha todo y me asfixia con su olor a muerte. Miro a lo lejos, donde el dracónido dorado de la hoja de jade destroza sin problemas a todo mi escuadrón. Es demasiado fuerte... está matando a todos mis compañeros. Vuelvo la vista al cielo estrellado a través del enorme agujero abierto en el techo, y veo a dos gigantescos dragones dorados volando arriba, arriba, arriba... Las estrellas se desvanecen, y una voz familiar, reconfortante, me rodea. "Hola de nuevo", dice Aqueron, el Señor de la Frontera.   Delante de mí, Sir Blesa, el Caballero de Oro, parlamenta educadamente con la delegación de Altos Elfos. No lleva la espada verde con la que asesinó a mis compañeros, pero con el recuerdo aún reciente no puedo evitar mirarlo con furia. Aún tengo la mano en el pecho, donde me atravesó aquel golpe mortal hace tantos años. Vuelve a haber música y color a mi alrededor, pero parece apagada ahora, y no puedo dejar de oír los gritos de mis compañeros y el chasquido del metal contra el metal. Nunca tuvimos ninguna oportunidad.   Vuelvo en mí antes de que nadie se percate de mi comportamiento, pero decido evitar a Sir Blesa por el momento. Hay mucho que escuchar sin necesidad de arriesgar mi tapadera.   Oigo varios rumores interesantes, como que Jozan no es más que una marioneta en manos de los Shieldbearer. Recuerdo por un momento la noticia del periódico y pienso en lo fácil que le resulta al viejo usar a todo el mundo de marioneta, y regresan a mí recuerdos desagradables. No he visto demasiadas veces a Jozan Dragonoath en esta vida, pero recuerdo que me inspiraba un terror muy distinto al que provocaba Ledo. Con el viejo, siempre temía ser castigada, pero más decepcionarlo o no ser digna de él. Jozan era como un niño. Era niño violento con muchísimo poder que quería solucionarlo todo por la fuerza, y que sin embargo se dejaba aplacar por Ledo con increíblemente facilidad. El viejo podía controlar a aquel vendaval salvaje, a aquella fuerza de la naturaleza, como si fuera un cachorro. Y no sólo a él. Podía controlarnos a todos, y lo hacía: incluso a mí, que entré a su servicio para utilizarlo, me absorbió y me controló por completo, y me tuvo años ansiando una palabra de reconocimiento o un gesto de aprobación suyo. Ledo Shieldbearer me asusta por motivos lógicos y basados en la experiencia; Jozan Dragonoath me aterra por instinto.   Gard, fiel a su estilo, amenaza veladamente a la delegación de Altos Elfos. No puedo evitar notar que no ha acudido ningún Elfo del Bosque. Los señores feudales del Imperio Blanco hablan entre sí, descontentos con Kendall. Los Dragonheir muestran su enfado por los problemas con el comercio y los piratas del Mar Interior. Los Moonward hablan de los asesinatos, y a mí se me revuelve algo dentro. Noto que, a lo lejos, Sir Blesa permanece como anfitrión neutral, cordial con todos y amigo de nadie.   Pasado un tiempo, cuando la fiesta se va apagando, los Shieldbearer abandonan la sala. El mago y yo les seguimos y escuchamos parte de su conversación: mencionan que se marchan ya, y que va a haber una revolución dentro. Los Risingbreaker y los Netherheir salen, así como otras pocas familias, sobre todo del Imperio Negro. Pasamos la noche en palacio.     23 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. Día de la Cumbre.   Del Imperio Negro solamente han quedado los Morases de Dales. Y no entiendo por qué hasta que Sir Blesa comienza su discurso. Y aún entonces no me lo puedo creer.   Llama a la guerra. El Concilio Dorado, con su ciudad-Estado, declara la guerra a los dos Imperios. A Jozan y Kendall. Anula todos los tratados de Baldur's Gate con los Imperios Blanco y Negro y pide a todos lealtad a un nuevo Imperio Dragón. Observo estupefacta cómo llama a acabar con Jozan y Kendall, y aún más sorprendida cuando las familias del Imperio Blanco y los Morases le juran lealtad. Esperaba todo tipo de cosas, pero esta situación no la habría predicho en diez vidas. Y eso me asusta. Los Altos Elfos juran no intervención, y cuando todos los ojos se vuelven hacia nosotros, los Ormp, debo improvisar. Anuncio una excusa medio creíble sobre no tener la autoridad para tomar esta decisión por nuestros señores, los Orm, y nos ofrecemos a regresar al feudo a consultarles. Sir Blesa, muy educadamente, nos invita a permanecer en Palacio hasta que lleguen noticias de casa.   Estamos atrapados y el tiempo corre.

Diario de Rhurr V: Fort Beluarian y el Regreso a Delzimmer

23 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. Baldur's Gate.   De regreso a los aposentos que nos han asignado, observo a mi alrededor en busca de salidas. Las ventanas no parecen bloqueadas, pero la altura es considerable. Una caída podría o no ser fatal, pienso, y me doy toquecitos con los dedos en los pulgares mientras contemplo la posibilidad de escapar escalando. Una cosa está clara: no sé qué opina el mago, pero yo no voy a pasar la noche aquí. Mi tapadera se debilita cada minuto que pasa. También debemos dar caza a ese mensajero que van a enviar; Kendall no puede permitirse que los Orm también se pongan en su contra después de lo que he visto hoy en la sala del trono, y hasta nuevo aviso trabajo para Kendall Dragonoath y debo defender sus intereses.   Cuando llegamos al dormitorio, Sir Blesa nos está esperando. Vuelvo un instante al Salón del Trono y siento que me rodea otra vez la peste a sangre y muerte. Durante un breve momento, quiero apuñalarlo, pero vuelvo en mí rápidamente. No es el momento ni el lugar para dejarme llevar por los impulsos de mis antecesores; aquel soldado tuvo su oportunidad.   El Caballero Dorado pone las cartas sobre la mesa: sabe quiénes somos, lo sabía desde el principio, y no somos sus invitados ni sus prisioneros. Explica que tanto Kendall como Jozan son dragones y traidores que asesinaron a Quarion, también un dragón, para hacerse con el Imperio antes de empezar una guerra civil entre ellos. Habla con desprecio de Jozan, dragón rojo al fin y al cabo, pero más aún de Kendall, quien siendo plateado debería haber respetado la voluntad de Vaktar, el Vuelo Dorado. Blesa nos anuncia que pretende acabar con ambos y restaurar el Imperio Dragón, el sueño de Quarion, y que le sería de gran ayuda nuestra colaboración.   Para mi sorpresa, el mago, Kuruck, se muestra muy receptivo a la propuesta, y enseguida empieza a negociar con el dracónido. No me lo esperaba: es un Halast de Halruaa, uno de los más antiguos vasallos de Kendall y una de las familias más poderosas del Imperio Blanco. Asumía que permanecería de su lado. Quiero decir, es un vampiro, un ególatra y un asesino sin un mínimo de moral, pero siente orgullo hacia su familia feudal y cabría esperar que ni siquiera se planteara arriesgar la posición de su apellido en el Imperio Blanco. He cometido, de nuevo, el error de creer que he calado a alguien.   Pero quizá no estuviera del todo equivocada. Sir Blesa comete el error de proponer curar su vampirismo, el que sé que le trae gran orgullo y es fuente de su soberbia. ¿Curarlo? Cree que es una criatura superior a todos nosotros, y quizá lo sea. Los observo negociar sobre la potencial situación de su familia tras la guerra si el Imperio Dorado se impone, y no le veo convencido. No estaba del todo en un error: el estatus de su familia sí que es su prioridad, y Sir Blesa no se lo garantiza. La pregunta es: ¿lo hace Kendall, quien según el Caballero de Oro es un "dragón acabado"?

Diario de Rhurr III: Las Cloacas de Calimport

17 de marzo, año 75 Después de la Muerte de Quarion. Quedan seis días para la Cumbre de Baldur.   El clérigo y yo, tras perder todas sus posesiones, nos refugiamos en una taberna. Conocemos allí, de casual casualidad, a un seguidor de Boccob, el Señor de Toda Magia. Nuestro clérigo sin dios, desesperado por ofrecerle sus servicios a una nueva divinidad y acabar con sus desgracias, decide adoptar a Boccob como su nuevo dios. Contemplo con resignación cómo comete un nuevo error en la larga lista de errores que es su vida.   Al menos, el mago que ha conectado a nuestro clérigo con su nuevo Señor nos da una pista sobre el paradero de la mochila de portales: la clave es un panfleto que hemos encontrado antes en la calle. Al parecer, está prohibido poseerlo. Lo observo con más atención: vuelve a mencionar a Krahe, y los bajos fondos de la ciudad también. Veo además un símbolo: lo confundo al principio con el ojo tachado que recuerdo haber soñado, pero el clérigo me señala que no es más que un laúd. Suspiro. He vuelto a dejar que mis recuerdos influyan en mi percepción del mundo y he visto lo que quería ver, no lo que había.   De regreso en el barco, coincidimos en que debemos encontrar un nuevo capitán, y ha de ser hoy, porque no tenemos más que un día de margen para llegar a la antigua capital si queremos colarnos en la Cumbre. Y quiero colarme en esa Cumbre más que nada en el mundo en este momento. En algún instante en el que nos hayamos despistado mientras entrevistábamos a candidatos a capitán, el enano se ha separado del grupo y desaparecido. Oh, bueno, estará buscando piedras.   Conseguimos finalmente contratar un hombre de mar decente que acepta las condiciones y regresa entonces nuestro enano con la armadura rota y corroída. al parecer, se ha topado por casualidad con la entrada de las cloacas que llevamos toda la mañana buscando, y como no tenemos nada mejor que hacer y nuestro clérigo va a volverse loco si no hacemos por lo menos el intento de encontrar su mochila, decidimos bajar.   Es un laberinto, y nadie se ha molestado en intentar interpretar las pistas ocultas en el panfleto para resolverlo. Nos damos cuenta demasiado tarde, cuando tras largo rato de recorrer los pasillos y las salas y de caer por túneles y remolinos, empapados, la barda descubre las marcas ocultas en las letras del texto. Después de eso, no tarda demasiado en dibujar el mapa que deberíamos haber seguido. El problema ahora es que no sabemos dónde estamos: el mapa no nos sirve de nada si no volvemos a la casilla de salida.   Nos cuesta otro largo rato y perdernos varias veces más volver a la entrada, y, ahora sí, seguimos las indicaciones hasta que empezamos a toparnos con bandidos. No nos queda más remedio que matar a unos pocos antes de lograr convencer a otros de que nos lleven ante su líder. Nos recibe al fin la mismísima Krahe, la barda que encantó a mis compañeros en la plaza mientras sus subordinados les robaban todo el equipamiento. Estrecho el diario contra mí instintivamente. Aún no estamos a salvo.   Nos propone unirnos a ella. Por desgracia, no podemos. Tenemos una misión. Lo lamenta, pero si somos o ayudamos a sus enemigos no nos puede devolver nuestras cosas por las buenas, así que propone una serie de pruebas.   Primero, encierra al mago y al guerrero en una jaula con uno de sus mejores luchadores y les ordena aguantar dos minutos y medio en ella. Por si fuera poco, cada pocos segundos los ataca con alguna clase de conjuro que los debilita. Nuestro mago logra a duras penas superar la prueba consciente hechizando a su rival para que no lo atacase. No quiero pensar en lo que habría ocurrido si no hubiera tenido ese as en la manga.   La prueba de Inteligencia consiste en una serie de preguntas sobre política e Historia. Una vez más, aprobamos por los pelos, esta vez el mago y yo.   La última prueba es de Destreza. Consiste en una pelea sobre la cuerda floja, en las alturas, con uno de sus ladrones. Se me encoge algo dentro, como siempre que me enfrento a la muerte de cara. Pero, también como siempre, me armo de valor y confío en mis habilidades y en mi entrenamiento. Tengo un protocolo para estas situaciones. Y mi protocolo es poner el diario a salvo antes de llevar a cabo ninguna locura. Se lo he entregado a Krahe para que lo custodie para ti, futuro yo, si estas son las últimas líneas que escribo en él.

Diario de Rhurr II: Travesía a Calimport

9 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. 14 días para la fiesta en Baldur's Gate.   Finalmente nos reunimos con Kiord, el Adalid del Imperio Blanco. La misión consiste, muy previsiblemente, en infiltrarnos en la fiesta y poner la oreja. Me hace preguntarme si no habría sido más apropiado, ya que ese era mi destino cuando servía al Imperio Negro, retrasar hasta entonces mi traición y no hacerle saber a Thorim que el plan de asesinato de los Moonward ha sido revelado. Pero ahora, supongo, es demasiado tarde para volver atrás. Con suerte, aún ocurrirá todo lo bastante rápido para que mi traición permanezca oculta un poco más. Sólo necesito un poco más de tiempo.   Nos han preparado un barco. Nos recibe el capitán, que no me inspira ninguna confianza, y mis sospechas se acentúan cuando percibo malestar y susurros entre la tripulación. Juraría que este barco está a punto de explorar. Y nos quedan muchos días de travesía.   Trato de aplacar mi nerviosismo y nos instalamos en la zona que nos han reservado. Aprovecho para observar a mis compañeros: el mago pálido juega con sus libros, lanzándole de vez en cuando miradas fulminantes al clérigo elfo, que trata de hacer amigos y seguidores de su religión entre los tripulantes. Estos le rehúyen, principalmente. Hay susurros de motín.   Al caer la noche, mientras hago mi descanso, el mago intenta asesinar al clérigo (o eso parece), quien se defiende usando su mochila y quemando parte del barco para después esconderse dentro de ella en una escena muy surrealista.     10 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. 13 días para la fiesta en Baldur's Gate.   Al capitán no le hace gracia que quememos e inundemos su barco, la cosa se descontrola y se enfada mucho con nosotros. La barda intenta encantarlo, pero sólo logra cabrearlo más y hacer que quiera echarnos de su barco. Finalmente le aviso del motín que se está preparando en su contra y el mago logra hechizarlo. Crisis evitada. Hora de achicar agua y relajarnos...   O no, porque el clérigo decide ponerse a hacer pruebas con su mochila dimensional, objeto que en mi humilde opinión deberíamos destruir o como mínimo poner fuera de su alcance). En una de estas pruebas, abre un portal al plano feérico, y de la mochila comienzan a salir plantas sin control. Aparece un espíritu feérico furioso con él que le ordena cerrar el portal. Aunque lo intenta, no dejan de surgir plantas.   En el peor de los momentos la tripulación decide llevas a cabo su motín, y se abalanzan sobre nosotros. En algún momento pierdo de vista al mago; parece que ha lanzado algo al portal, pero probablemente sean imaginaciones mías. Mientras los amotinados nos atacan, el clérigo logra al final convencer a las plantas de retirarse, pero de pronto parecen esfumarse sus poderes. Mientras tanto, el guerrero tatuado ataca tres veces al jefe de los marineros rebeldes, y tres veces falla. La barda se dispone a atacar a otro marinero y todos nos preparamos para la batalla, incluso lanzo algunas descargas necróticas sin importarme ya el secreto, pero entonces, de repente, aparece Tiamat.   No estoy de broma. La auténtica Tiamat surgió de entre las aguas escupiendo infiernos por sus cinco cabezas, lista para hundirnos junto al barco y, lo que es más importante, destruir este diario. Perdido. Para siempre. O al menos eso he creído: a los pocos minutos se deshizo, revelando que no había sido más que una ilusión del mago. Han sido los momentos más aterradores de toda mi vida. No hubo más motín después de aquello.   Me revela, sin embargo, que este libro no deja de ser papel y tinta. Mortales. Destruibles. Frágiles. Tan frágiles...     17 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. 6 días para la fiesta en Baldur's Gate.   Calimport. Después de un ajetreado, extraño y aterrador viaje, finalmente hacemos escala en Calimport. Me bajo del barco casi tembloroso, pisando tierra firme por primera vez en más de una semana. Con el diario aferrado al pecho, me interno en la ciudad para despejar mis pensamientos y reunir información. Quizá, con suerte, una manera de proteger mi legado... Dejo atrás al mago, quien se encierra con el capitán en sus aposentos, y al clérigo, que se interna en un bosquecillo cercano. Cuando más tarde se reúne conmigo en una plaza, ha cortado con su diosa.   De repente, el tiempo se para en la plaza. Percibo el cosquilleo de la magia, y, en pánico, redirijo justo a tiempo todas mis energías a resistirme a ella. A mi alrededor, veloces sombras se mueven y se abalanzan sobre nosotros. Veo a cámara lenta cómo mis compañeros pierden todas sus posesiones, pero cuando una mano ágil se aproxima a mi mochila logro esquivarla. Desaparecen tan rápido como han venido, y me doy cuenta entonces de que mis compañeros han sido hechizados. Me abrazo con más fuerza si cabe a mi diario y me doy cuenta entonces de algo sinceramente aterrador: la mochila mágica del ex-clérigo no está.

Diario de Rhurr: 20 de febrero del 75 DMQ

En ocasiones pienso en la muerte.   Lo sé, es ridículo. ¿Rhurr Jahlaree, el ser inmortal, que regresa al plano terrenal cada vez que su antiguo cuerpo perece, piensa a veces en la muerte? ¿Y los caballos y las ovejas a veces piensan en comer hierba? ¿Los dragones piensan en crear imperios para controlar a los humanos?   Y es cierto. Suena obvio, evidente, redundante. No cabe duda de que mi existencia gira en torno a la muerte. Bailo a su alrededor, pero no puedo alcanzarla; en cierto modo, para salvar mi alma Aqueron me robó la muerte, y con ella, también la vida, pues no recuerdo un momento de esta vida que no girase en torno al concepto de mi existencia. ¿He hecho algo aparte de buscar respuestas sobre mí mismo durante todos estos años? ¿Existe Rhurr como persona o es solamente una recopilación de memorias y espíritus antiguos? Si nunca hubiera sabido qué soy, ¿qué clase de persona habría sido? ¿Habría vivido feliz e ignorante con Padre en la casa de mi infancia, como la dulce niña que era y que hoy parece uno de los tantos recuerdos difusos que me inundan?   Cuando muera de verdad, si es que puedo morir, ¿qué será de mi alma? ¿Quién seré? ¿Conservaré la última identidad que tenga, regresaré a la primera de todas o me romperé en mil pedazos, incapaz de contener tantos recuerdos a la vez, tantas identidades? ¿Y qué será de todas las personas que me han rodeado durante todas mis vidas, seres queridos de mis vidas pasadas que cruzaron al Otro Lado para no encontrarme allí? ¿Se preguntarán aún hoy qué fue de mí? ¿Me echarán de menos? ¿Me recordarán aún personas que siguen con vida? ¿Cuántos fragmentos distintos de mí siguen viviendo en los recuerdos de los seres vivos?   En ocasiones pienso en lo que estoy haciendo, en mi misión, y a veces la idea me abruma tanto que me supera y me encuentro llorándole a la noche y clavándome las uñas en las manos. A veces me pregunto si todo esto es justo, si no debería olvidar, dejar morir los recuerdos que me acompañan. Si no es más piadoso para mis próximas vidas que no sepan jamás qué son, para que no les roben sus vidas y sus muertes y puedan ser quienes estaban destinados a ser. Si tuviera la posibilidad de salvarlos de ser esta cáscara rellena de recuerdos que son suyos pero a la vez no, ¿no debería intentarlo? ¿Acaso no es egoísta no quemar este diario y simplemente tratar de olvidar? ¿Acaso no es egoísta que haya dedicado esta vida a ser un ladrón y un asesino, creando recuerdos que pueden atormentar a un yo inocente del futuro durante toda su vida?   Pienso en mí misma y no me encuentro. He sido tantas personas que no hay un "yo". No hay un Rhurr, aunque sea el nombre que los padres de este cuerpo le dieron al nacer. Soy aparentemente incapaz de tener una personalidad definida, unos gustos, unas ideas, unos pensamientos, y cuando creo que los he conseguido enseguida se envuelven en esa bruma que me hace no saber si he desarrollado un rasgo propio, de Rhurr, o he rescatado uno de alguien que vivió hace trescientos años. A Rhurr le dijeron que era una niña, que era granjera, que era semielfa, pero esos rasgos se mezclan con otros, se pierden, se deshacen en la niebla y vuelven a mí de vez en cuando. A estas alturas, ¿tengo género? ¿Tengo nombre? ¿Tengo raza? ¿Tengo pueblo? Sostengo el amuleto de Padre entre mis manos y en un momento dado me llena de calor, pero al siguiente pierde todo su significado durante un pestañeo. ¿Cuántas vidas puede soportar una persona en su interior?   ¿Cuántas veces habré pensado en esto a lo largo de los siglos?   Quizá lo mejor sea suplicarle a Aqueron que rompa el ciclo, aunque mi alma se pierda para siempre. Quizá así descansaría.

Diario de Rhurr I: la Asamblea de Delzimmer (8)

5 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion.   Desde luego no esperaba que Thorim en persona a lomos de un dragón negro se presentara en el barco de Kiord. El equipo del Adalid parece capaz... al menos hasta que el clérigo elfo se quema las cejas... ¿abriendo una mochila? La barda semielfa y Kiord derriban al dragón, pero el mismísimo Thorim Shieldbearer cae a cubierta. Yo me escondo en las escaleras; con suerte, Thorim aún no sabe que me he cambiado de bando y cuando los mate a todos podré decir que estaba muy diligentemente cumpliendo la misión que me había encomendado.     [Nota al margen:   ??? - Guerrero dracónido   ??? - Humano? mago   ??? - Semielfa barda   ??? - Enana bruja   ??? - Elfo clérigo]     El dracónido y la semielfa, junto con Kiord, atacan a Thorim. Pobres criaturas. La enana, más inteligente, se esconde también. Me pregunto si podría interceder para salvar su vida cuando Thorim acabe con los demás.   Kiord ataca a Thorim con el mandoble, y este le atraviesa el pecho con su espada. Ya no sonríe. El clérigo lanza un hechizo, Cobijo Seguro o algo por el estilo debe de ser, y parte del grupo se refugia dentro. El dracónido se dispone a atacar a Thorim, pero lo paraliza el miedo y no logra moverse. La semielfa ataca también con sus espadas duales, pero falla. No sé hasta qué punto las duales son un arma funcional.   Kiord le clava la espada en el hombro a Thorim, momento que este aprovecha para ponerle la mano en el pecho y hacerle alguna clase de hechizo. Da la impresión de que le absorbe algo, y Kiord se pone de repente muy, muy pálido. Por fin el dracónido logra hacerle algún daño, pero se lleva un impacto importante como represalia inmediata. La barda hace algo por sanar al Adalid, con escaso resultado. Kiord finalmente carga contra Thorim para tirarlo por la borda, pero se quedan los dos al límite forcejeando. El mago paliducho hace un hechizo de los suyos y tres rayos salen disparados hacia Thorim, aunque solamente uno impacta; los otros dos provocan pequeños fuegos en cubierta.   Thorim cae por la borda, y desde mi posición no lo veo, pero debe de quedarse enganchado porque Kiord procede a tirar algo en su dirección. Después todos se calman. Parece que ha terminado. Quiero decir, no tengo ninguna esperanza de que Thorim esté muerto (solucionaría las vidas de todos en el Imperio Blanco a unos niveles que no se pueden imaginar, pero es demasiado poderoso para que hundirse en el mar con armadura completa sea su fin). Pero por hoy parece que nos dejará en paz. Miro en dirección a donde cayó el dragón. Dragones negros... Debo hablar con Kiord.   En algún momento en que me he despistado, el dracónido (que no debe de ser muy listo) ha debido de intentar coger la espada de Thorim, a la que le falta tener un cartel luminoso que diga "NO TOCAR" y ahora yace inconsciente sobre la cubierta del barco. Un mago loco cuyo nombre no sé escribir (¿Razwin? Se pronuncia algo así. Mago loco en adelante hasta que averigüe cómo se escribe) , el paliducho no, el otro, apaga los fuegos de los rayos mágicos de antes.   La enana, que es muy lista pero también muy tonta, se ha puesto a tirarle piedras a la espada malrollera. Un pobre marinero, comprensiblemente, la riñe, y tras discutir con ella se va a avisar a Kiord que anda por ahí curándose la herida. Intenta tirar otra piedra (la enana), pero al parecer se confunde y tira algo de valor que una mano mágica se lleva enseguida. La enana y el mago pálido se ponen a discutir. Finalmente sale Kiord a reñirlos, y aprovecho para decirle que necesito hablar con él. Tras insistirle, me deja explicarle lo de los Moonward y el peligro que corren. Me promete que se tomarán medidas.   El clérigo intenta hacerle un exorcismo al dracónido insconsciente, o algo del estilo, pero el mago loco se ha picado y le hace un contrahechizo para que le deje trabajar en paz. Le está tatuando runas y no me queda muy claro que sea buena idea dejar que este hombre tatúe runas al personal. Pasan algunas cosas que no comprendo bien y el mago loco termina por robar la mochila del elfo clérigo.    
6 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion.   Kiord nos llama por la mañana. El dracónido está despierto, pero confuso y lleno de dibujitos extraños. Uno explotó ayer. No sé si quiero estar cerca de esta persona. El Adalid hace un poco su discurso de Adalid y me mete en el grupo de operaciones especiales de no sé qué movida, pero les pide que me vigilen. A ver. Lógico. Si lo que me extraña es no estar en una celda envuelto en cadenas para regalo y siendo interrogado.   El mago loco lleva la mochila del clérigo, pero ahora insiste en que es suya. Me encanta. Pero no me hago una idea de la locura del grupo hasta que, más tarde, el elfo y la otra semielfa engañan al mago loco para meterlo en la mochila y encerrarlo en ella. Hasta donde entiendo, hay alguna clase de portal dentro de la mochila y lo han enviado a otro plano, pero no saben a cuál. En mi opinión esto hace la mochila un poco inútil. Acto seguido el clérigo con su flamante mochila recuperada intenta convertirme a su religión. A cambio yo le hablo de Aqueron, pero no parece muy interesado.   Un rato después el mago loco reaparece de la nada, al parecer sin recordar nada de lo ocurrido, bastante hecho polvo y muy feliz. Alaba la mochila del elfo. Me da un poco de miedo.   Las personas mágicas del barco perciben algo extraño en el ambiente pero no logran identificarlo. Avisan a Kiord. La semielfa me mira raro; ¿será la única persona con medio cerebro que desconfíe de mí? ¿Por qué ha durado tanto tiempo el Imperio Blanco si esta es su fuerza de élite?    
7 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. 16 días para la fiesta en Baldur's Gate.   Llegamos a Delzimmer por la mañana. Es grande, para ser una ciudad, pero pienso para mí que Peltrach lo es más. ¿Puede ser que eche algo de menos ese lugar? Quizá. Ha sido mi hogar durante bastante tiempo, aunque fuera por circunstancias especiales. El grupo me interroga, y el Alto Elfo intenta convertirme a su religión otra vez. Kiord les encarga vigilarme, nos dan salvoconductos y nos cita en la Asamblea de mañana a las siete y media. Después nos separamos.   A casi todos se les olvida la parte de vigilarme, así que terminamos la enana y yo a solas paseando por la ciudad. Intento fijarme en la forma de los edificios y el acento de la gente al hablar por la calle, o en cualquier cosa que pueda despertarme un recuerdo. Es la capital del Imperio Blanco, una ciudad importante dentro del Imperio Dragón, así que es muy probable que haya estado aquí antes. Por tanto, si encuentro los estímulos adecuados...     8.   Espacio: Fuera de Delzimmer, mirando la fortaleza desde cierto ángulo.   Tiempo: ???   Identidad: Humano adulto   Soy un humano adulto, me está cayendo una lagrima por la mejilla. Mi visión está centrada en un joven que, a lo lejos, está atravesando las murallas de Delzimmer. Pensamientos de autocomplaciencia inundan mi mente: es lo mejor para todos, así podrá recuperar algún día lo que éramos, y no seguir con esta vida miserable. Nunca me había sentido tan solo...   Me inunda la tristeza al pensar en este recuerdo. Tantos pensamientos confusos y contradictorios, tantas autojustificaciones, un corazón tan roto. Me da la impresión de que dejar marchar a aquel joven fue una de las decisiones más duras de aquella vida. Pero pensaba en esperanza, en recuperar lo perdido. Quizás la vida provenía de alguna familia noble o rica que lo había perdido todo, y ahora enviaba a aquel muchacho a... ¿A prepararse? ¿A luchar? ¿A reclamar algo? ¿Simplemente a ganarse la vida, a aprovechar una oportunidad que nunca tendría fuera de esas murallas?   Me toco el pecho como si pudiera hacer desaparecer la sensación de soledad. ¿Quién sería aquel chico? ¿Podría ser mi hijo? ¿Podría seguir con vida? Me invade de repente la necesidad de encontrarlo, de asegurarme de que esté bien, pero agarro mi amuleto y respiro profundamente. No eres tú, Rhurr, me digo. Es el recuerdo. Vive a través de ti y busca proteger a aquel muchacho, pero no eres tú. El recuerdo y el joven humano seguramente llevan muertos mucho tiempo. Me lo repito varias veces hasta que logro apagar la angustia y el dolor de aquel hombre que una vez fui.       Me voy con la enana a mirar piedras. En realidad es buena persona. Quiero decir, es despistada e inocente, pero no aborrezco su compañía. Es agradable tener a alguien con quien hablar de cosas sin importancia, como la calidad de los adoquines de Delzimmer. En el Imperio Negro, casi todo estaba siempre relacionado con el trabajo. Llevo dos días con esta gente y he visto a un clérigo meter a su aliado en un semiplano y a una enana comprar manuales de geología, y sin embargo son las mismas personas que se han enfrentado a Thorim y lo han tirado por la borda de un barco en marcha. Tienen una clase única de valor que me cuesta no apreciar.   Consigo un periódico, la Gaceta Imperial, y lo leo con curiosidad. Cuando encuentres este libro, la página debería estar aquí. Por si acaso, copiaré algunos datos importantes más abajo. Sinceramente, la propaganda del Imperio Negro era menos evidente. ¿Esta gente se da cuenta de que les están lavando el cerebro? ¿Y qué es esa forma de tratar a los pobres tieflings?   Regreso al castillo, no tengo ganas de comprar nada. Aunque al parecer tengo sueldo (500 piezas de oro semanales), si lo ahorro podré comprar mejoras para mis armas, que siempre vienen bien. Muestro mi salvoconducto en la entrada y nos dejan pasar. Paseo un rato por donde se alojan los nobles que vienen a la reunión. Veo dónde están los Moonward, pero tienen sus propios guardias, que no sé si aceptarán mi permiso de Kiord, y no tengo forma de saber si son los reales o ya los han sustituido. No quiero quedarme a solas con posibles asesinos del Imperio Negro, de modo que me retiro a descansar.   Creo que el mago paliducho puede sospechar algo sobre mí. Bueno, que se joda, él también es sospechoso de cojones.    
8 de marzo del 75 después de la muerte de Quarion. 15 días para la fiesta en Baldur's Gate.   La semielfa me sigue mirando raro. Es el día de la Asamblea. No mentiré: estoy algo nervioso. Esto es la boca del lobo para mí, y si no me quieren en este sitio, o le suplico piedad a Thorim o huyo a las islas.   Hay mucha gente, pero casi todos son humanos de un cojón y medio de Familias Feudales, con algo de representación élfica, enana, tiefling y orca. Nuestro mago el pálido, que al parecer es noble, tan pancho saca su propia bandera y se representa a sí mismo. La reconozco enseguida: es un Halast. Todo este tiempo viajando con un Halast...   Me acerco a él y le pregunto por la batalla de mi recuerdo. Afirma que no le consta que los Halast lucharan nunca en Baldur's Gate. Y no sé, no tiene motivos para mentirme, pero mis recuerdos nunca me han fallado. Tampoco tengo razones para desconfiar de mí misma. ¿A santo de qué había un estandarte Halast en esa batalla entonces? ¿Tendré que ir a Baldur's Gate en persona para averiguar qué batallas han tenido lugar allí en los últimos años? Pero tienen que haber sido muchas, ¿no? Quizá deba explorar otras posibilidades, como que alguien usara ese blasón antes de la fundación formal de la familia. ¿O quizás mi antigua vida tenía poderes adivinatorios y en realidad estoy recordando el futuro?   El clérigo intenta hablar con los Altos Elfos, que lo rechazan por seguir a su diosa, y con los elfos silvanos, que lo rechazan por ser Alto Elfo. Después se pone en contacto con la representación tiefling. La enana charla con otros enanos. Decido que yo también podría ser algo sociable, pero los Altos Elfos son unos racistas de mierda. Los de los bosques son agradables, sin embargo. Miro a los Moonward, que parecen normales, pero no sé hasta qué punto puedo fiarme. Finalmente, Kendall hace acto de presencia.   Parece viejo, frágil y ciego, pero no me dejo engañar por las apariencias. Yo sé, en lo más profundo de mi alma, lo que ese hombre es en realidad. Me recuerda que no confío en él. No tengo motivos. No es mucho mejor que Jozan. Tomo asiento junto a la barda y conformamos el Partido Semiélfico... o algo.   Hace un discurso de unidad pidiendo una gran alianza entre pueblos y finalmente nos presenta y nos pide que narremos nuestros viajes. Me levanto de mala gana. Ya no tengo vuelta atrás, supongo. Kuruck Halast, autoproclamado líder del grupo de Operaciones Especiales, narra muy feliz todas las aventuras del grupo y provoca que se levante Olivia de la familia Plaguend de Plaguewrought. Se queja de la presencia y la relevancia de la familia Halast en nuestra misión y en la Asamblea después de tantos años sin aparecer, y aunque Kendall lo defiende, sospecho que las palabras de esta mujer tienen bastante peso entre los humanos de este Imperio.   Los Altos Elfos aprueban la alianza. Los enanos, orgullosos y molestos de que no se haya hecho nada hasta ahora, pasan, y deciden que se defenderán ellos solitos. Los orcos, que solamente han venido para quejarse de movimientos misteriosos en las fronteras, tampoco aceptan la gran alianza. Los elfos silvanos, a pesar de su enemistad histórica con los Altos Elfos, están dispuestos a unirse contra el Imperio Negro. Los tieflings, nerviosos por su primera oportunidad como grupo con representación parlamentaria, dan un mitin bastante simpático y apoyan la causa. Son una monada.   Pido la palabra y explico por encima lo de los dragones negros y la situación de la familia Morases en Dales. Hay bastante drama, y Olivia exige saber por qué sé todo esto, a lo que respondo con sinceridad y hay un poquito más de drama. Pero eh, Kendall me defiende, y con Kendall no se mete la mujer esta.   Tras la Asamblea, nos acercamos a hablar con Olivia. Debo admitir que soy grosero con ella. Mucho. Demasiado para mi propio bien. Me avergüenza bastante mi actitud, en retrospectiva, pero en ese momento me enfadó su manera de tratarnos. Me llamó medio humana y yo la llamé medio cerebro, y en ese instante me pareció algo inteligente que decir. Pero es la sucesora de Kiord como Adalid del Imperio Blanco y no me conviene que me odie. Debo hacer algo por mejorar nuestra relación.   Vamos a hablar con Kendall, y Kuruck me ordena permanecer en silencio por algún motivo. También dice que ha descifrado el mensaje del que hablaron antes, y que es de Thorim. Al parecer encontró dragones y decidió domarlos. Menuda sorpresa más grande, nótese el sarcasmo. Kendall nos habla de la gran fiesta que se va a celebrar en Baldur's Gate, que aunque ha sido neutral todos estos años parece estar empezando a sufrir presiones de Jozan para unirse a su causa. El Emperador Blanco nos envía a colarnos de incógnito en la fiesta, donde estarán los Shieldbearer y Sir Blesa, a enterarnos de cosas básicamente. Aunque será una reunión pacífica, en teoría, no me entusiasma la idea de encontrarme con Thorim tan poco tiempo después de mi traición. Técnicamente, seguro que tienen (o reclaman) derecho legítimo a exigir mi custodia para ejecutarme por desertor.   Durante la reunión, el clérigo ha llamado "muerto" al Halast. ¿Lo decía en un sentido literal? Es posible. Pálido, con ojos rojos y con los rumores que circulan sobre esa familia... ¿Le he visto dormir o comer? No lo recuerdo.  

Diario de Rhurr: recuerdos 1-7

[Esta parte del diario tiene páginas cortadas y vueltas a pegar, como si se hubieran ido reorganizando con el tiempo. Algunas son largos párafos con notas pegadas y otras tienen dos o tres líneas. La mayoría incluyen dibujos más o menos detallados. Se nota que no es una parte del diario escrita con cuidado, parecen más bien notas en sucio.]     1.   Espacio: Laboratorio en una cueva. Matraces, libros, materiales alquímicos.   Tiempo: ???   Identidad: Aparentemente mujer gnoma. ¿"Darda"?   Estoy buscando un libro, al fin lo encuentro, en el lomo de la encuadernación pone "Diario de Darda".   No está muy claro si Darda, la persona que escribió ese diario, es la gnoma que lo encuentra o si esta es una vida posterior que lo estuvo buscando. En cualquier caso, ahora sé que al menos una vida pasada que usó el nombre Darda escribió un diario igual que yo, y que cabe la posibilidad de que otra vida lograra encontrarlo. ¿Existirá ese diario aún? No hay referencias temporales. Podría ser polvo a estas alturas.     2.   Espacio: Zona rural, ???   Tiempo: Posiblemente algún momento de la Guerra de la Unificación.   Identidad: Mujer granjera, quizá humana.   Estoy agotada de trabajar todo el día en el campo. Por fin es la hora de comer y voy decidida a mi casa en busca de algo que me sacie el hambre. En ese justo instante veo como todo el cielo se oscurece, cuando miro hacia arriba veo una gran sombra que oculta el sol tras ella. Vaktar y Quarion han llegado, ¿qué futuro nos espera?   La vida no parece tener mucha relevancia, pero creo que puedo situarla en algún punto de la conquista de Quarion. La preocupación de la vida indica que no es un paso posterior, hay incertidumbre en el recuerdo. Quizá Quarion aún no fuera señor de esas tierras, pero no muchos resistieron más de un asalto al fuego de Vaktar.     3.   Espacio: ??? (Castillo con nueve torres de colores, pendiente de documentación)   Tiempo: ??? (¿quizá guerra civil? La familia del blasón, la Halast, se fundó con la conquista de Quarion, no puede ser anterior.)   Identidad: Soldado masculino, casi con seguridad humano. Luchó para los Halast contra quienquiera que tuviera el castillo de las nueve torres de colores.   Me encuentro rodeado de soldados uniformados en formación, y formo parte de ellos. Veo estandartes con un blasón de una copa y un libro negro sobre gules. Al fondo diviso una gran muralla y un castillo que se alza por encima de todo con 9 torres de diferentes colores. Suenan tambores de guerra y nuestro general está gritando que carguemos contra el enemigo.   Es uno de los recuerdos con más potencial, porque contiene mucha información. El estandarte de la copa y el libro negro pertenece a los Halast de Halruaa, y estos han existido durante relativamente poco tiempo como familia feudal. Su feudo también está bastante apartado, de forma que no han podido participar en muchos conflictos bélicos. El castillo asediado tiene que ser el de Quarion, en la antigua capital. Se dice que un hijo menor de los Halast poco antes de la muerte de Quarion investigaba temas oscuros y estaba obsesionado con la inmortalidad. No sé hasta qué punto puede estar relacionado con mi inmortalidad. Viajo hacia el sur, así que si logro la protección de Kendall intentaré ir a Halruaa para seguir la pista de este recuerdo. Quizá, si logro acercarme lo suficiente, pueda recordar algo más. Es prometedor. Mientras tanto, seguiré buscando información sobre esa batalla.     4.   Espacio: Nido de un dragón llamado Ferno. Quizá aún exista.   Tiempo: ??? (Si logro encontrar a Ferno o a lo que quede de ella quizá pueda establecerlo.)   Identidad: Dracónido rojo. Macho, creo.   Estoy en el vestíbulo de mi nido, soy un dracónido rojo rodeado de mis camaradas. Los enemigos se encuentran al otro lado de las puertas. Nuestra ira y sed de sangre va en aumento; estamos deseando que esos indeseables entren. Oigo el rugido de Ferno, mi madre, detrás de mi, y justo en ese momento las puertas ceden.   Los dracónidos sienten con intensidad, eso seguro. Seguramente Ferno crease a ese dracónido rojo para proteger su nido, pero él estaba decidido a protegerla con su vida. Los enemigos de los que defienden el nido no quedan muy claros, no puedo saber si eran huestes de otro dragón o quizá humanos. Pero el recuerdo contiene un nombre, quizá debido a la fijación de la vida con su madre, y no hay muchos recuerdos con nombres. Es una pista decente que rastrear.     5.   Espacio: ???   Tiempo: ???   Identidad: ??? (¿Granjero pobre, quizá humano?)   Me encuentro en mi cama delirando y tosiendo, maldiciendo las últimas cosechas del año. Mi visión se vuelve cada vez más borrosa hasta fundirse en un completo negro.   Muerte de una vida. Seguramente un granjero o alguien pobre. Irrelevante. No todas las vidas pueden ser épicas, supongo.     6.   Espacio: ???   Tiempo: ???   Identidad: ???   Un recuerdo muy confuso. Un hombre calvo habla de revolución. ¿Menciona al Clan Martivir? Solamente recuerdo con claridad la bandera que enarbola. Un ojo rasgado sobre una espada cruzada, rojo sobre una banda gris sobre negro.   No recuerdo cuándo recordé esto. Un día sabía que había visto a este hombre. No reconozco la bandera ni la encuentro en ninguna parte, es un callejón sin salida, y sin embargo presiento que es algo importante. Debo investigar al Clan Martivir.     7.   Espacio: ???   Tiempo: ???   Identidad: ???   Jozan y Kendall no son hombres. Jozan y Kendall no son hombres. Jozan y Kendall no son hombres. Jozan y Kendall...   Lo sé. Lo sé en lo más profundo de mi alma inmortal. Ese recuerdo sin espacio ni tiempo ni identidad, solamente esa voz... Se me ha grabado en la mente y sé con total seguridad que lo que dice es cierto. Los dos Emperadores... los gobernantes de los reinos humanos... No son humanos. Ni siquiera son hijos de Quarion. Dioses, ¿por qué recuerdo esto? ¿Quién fui en esa vida? ¿Por qué sé algo tan peligroso? Apenas me atrevo a escribir estas líneas, porque no sé si debería transmitir esta información, ni a mis futuras vidas ni a nadie. Oh, dioses, esto podría cambiarlo todo...

Diario de Rhurr: notas previas

[Los siguientes son fragmentos seleccionados de las páginas del diario de Rhurr anteriores a su incorporación al grupo.]   Mi nombre, al menos en esta vida, es Rhurr. Nací como un semielfo hace más de veinte años, justo después de mi última muerte y mi última visita a Aqueron, el Señor de la Muerte. Era apenas un adolescente la primera vez que lo conocí, cuando rocé la muerte como todo joven inconsciente de mi tierra ha hecho alguna vez: fui idiota y conseguí que me apuñalaran.   [...]   Después de esa primera (en esta vida) experiencia con la muerte, hubo muchas más. Ese primer encuentro con el Dios que me salvó la vida eternamente lo cambió todo. Fue como si hubiera abierto una puerta a otro mundo en mi propia mente: torrentes de imágenes, olores, sonidos, sensaciones y destellos de emociones atravesaban todas mis defensas cuando más baja tenía mi guardia y me vi reviviendo acontecimientos décadas anteriores a mi nacimiento. Y supe que me estaba llamando, me estaba llamando a mí mismo de alguna manera desde el pasado, desde vidas y vidas atrás. Recordé lo suficiente para saber que había algo importante que no estaba logrando recordar. Y dejé mi hogar para seguir rastros borrados hacía largo tiempo.   [...]   Un día recordé un libro. Un cuaderno; no, un diario. Recuerdo la gota de tinta negra que caía sobre el papel y lo manchaba para siempre mientras yo miraba la página en blanco. Miles de palabras me cruzaban la mente, mas ninguna lograba abrirse paso hasta la mano que intentaba escribir. Recuerdo la frustración, pero también la decisión. Igual que hago yo hoy, esa versión pasada de mí mismo estaba decidida a dejar algo tras de sí cuando su cuerpo quedara demasiado dañado y su alma paseara por la frontera entre la vida y la muerte antes de caer de nuevo en el plano mortal, en la mente y la respiración de una nueva vida traída a nuestro mundo.   [...]   Es casi irónico, ¿verdad? Soy inmortal, pero tras todas estas vidas nunca ha quedado rastro alguno de mí. Es como si no hubiera existido, pero he estado presente en décadas y décadas de acontecimientos históricos que no logro recordar. Fuerzo la memoria, y destellos de momentos de vidas que no reconozco me vienen a la mente. ¿Qué habrá sido de aquella mujer que luchaba por escribir su historia? ¿Lograría plasmar su vida en el papel?   ¿Habré recordado esto en alguna otra vida? ¿Habrá habido algún otro Rhurr en algún momento de la Historia, como yo, garabateando a la sombra de un árbol unas notas que no sabe si nadie llegará a leer nunca?   Y sin embargo, siento que debo intentarlo. Suponiendo que viva infinitas vidas, hay una pequeña posibilidad de que en una de mis vidas futuras logre rastrear sus recuerdos hasta este diario, o hacia alguno de los anteriores. Así lograría lo que hoy está fuera de mi alcance: conservar información de una vida a otra. Pienso en cuántos años de dudas y misterios podría ahorrarle a un futuro Rhurr si pudiera hacerle llegar todo lo que sé. Si mi antecesor escribió un diario y si yo pudiera encontrarlo y si mi sucesor pudiera encontrar el mío.. Son muchos "y si", pero debo aferrarme a esta esperanza.   [...]   Intento pensar a menudo en este diario. No sé hasta qué punto puede funcionar, pero trato de convertirlo en un recuerdo fundamental, en algo que atravesará el tiempo y los planos para alcanzar a futuras vidas. Al mismo tiempo, temo plasmar demasiada información crucial en un objeto físico que en cualquier momento pueden robarme, puedo perder o puede ser destruido. Pero no puedo encriptarlo: no tengo forma de saber que mi futuro yo lo descifrará. Imagina lograr hacerle llegar el libro al Rhurr del futuro solamente para que no sea capaz de leerlo.   ¿En qué idioma debería escribirlo? ¿Cuántas posibilidades hay de que el próximo yo no sepa leer común?   Aqueron bendito, ¿y si el próximo yo no sabe leer?   Piensa en la infinidad de posibilidades, Rhurr, y ten fe.   [...]   Recorrer el Imperio Negro como agente del Emperador es divertido. Tantas cosas que sé que son falsas. Tantas cosas que sé que están manipuladas. Tanta Historia que recuerdo como si hubiera acontecido esta mañana y que ha sido reescrita para beneficiar a quienes mueven los hilos. Y sin embargo, bajo el ala de Jozan (¡ja!) es donde más a salvo estoy para viajar con libertad y continuar con mis investigaciones, a cambio solamente de mis servicios puntuales. Asesina a este hombre, lleva este mensaje aquí, roba esto, coloca lo otro, ve a espiar aquí... Soy bueno en mi trabajo y los que mandan lo saben, por eso sigo con vida. No soy tan imbécil como para enfrentarme al Rey Negro directamente, aunque odie algunos de sus métodos, y por el momento puedo utilizar su poder para beneficiarme yo.   Pero empiezo a temer que lo que busco no está en esta mitad del mundo. La idea me asusta, porque lo complica todo.   [...]   Me hace gracia, porque este diario se ha convertido no solamente en algo tremendamente personal, sino en un objeto realmente peligroso. Si mis ideas plasmadas aquí salieran a la luz, si Jozan o alguno de sus otros agentes llegaran a leer estas páginas... Pensar que me matarían sería ser optimista. Seguramente intentarían romper el ciclo para poder torturarme eternamente. ¿Serían capaces de hacerme inmortal de verdad solamente para que jamás pudiera salir de una celda en lo más profundo de la tierra, ni siquiera recurriendo a la muerte?   Creo que echaría de menos a Aqueron.   [...]   A menudo me pregunto qué pensará de mí, un traidor, espía, asesino, ladrón y mentiroso, la persona que lea este diario si algún día se cumple mi deseo y un futuro Rhurr pone las manos sobre él. ¿Tengo acaso alguna garantía de conservar mi personalidad de una vida a otra? ¿Qué pasa si hoy muero y mi sucesor crece como un niño noble de una de las Familias Feudales del Imperio Negro? ¿Seré un seguidor fiel del monstruo que esclavizó a los suyos?   ¿Qué pasa si estoy haciendo más mal que bien? ¿Y si le causo problemas a mi sucesor? ¿Y si le estoy dando una información que no está preparado para asumir? ¿Entenderá que solamente intento ayudarlo o seré una criatura egoísta y malvada en sus ojos? ¿Y si destruyo la vida de un niño que aún no ha conocido a Aqueron?   ¿Y si mi diario, con secretos que podrían acabar con los Imperios tal como los conocemos, cae en malas manos o sin preparación suficiente?   [...]   ¿Debería considerar hechizos de encriptación y escond   [...]   He intentado retrasar este momento todo lo posible porque me asustan los pasos que debo seguir, pero llegados a este punto tengo que admitir que no encuentro más que callejones sin salida. Lo que busco no está en el Imperio Negro, ha llegado la hora de dejar el nido, vender a Kendall todo lo que sé sobre Jozan y su Imperio y pedir su protección para investigar a salvo en el Imperio Blanco. Esto es como la más alta traición que conozco, así que viene a ser lo más peligroso que he hecho en esta vida. Pero si quiero llevar este proyecto a alguna parte, debo encontrar los rastros de mis antecesores, continuar su trabajo y ayudar así a quienes vengan detrás. No queda más remedio que arriesgarse.   Creo que Kendall me aceptará, pero debo admitir que temo las represalias de Jozan. He estado el suficiente tiempo a su servicio para saber que me hará rezar por la muerte definitiva si me pone las manos encima después de correr a las faldas de su hermano con todo lo que sé.   [...]   Mañana me subiré a un barco rumbo al Imperio Blanco. Rezaré para que no nos veamos pronto, Aqueron.
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